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Cuando el Autismo Llegó a Nuestras Vidas

Cuando el Autismo Llegó a Nuestras Vidas
   

No estábamos preparados, nadie lo está. Estaba llena de dudas y miedos, los médicos, psicólogos y terapeutas nos explicaron tantas cosas que la verdad no entendimos nada, era como escucharlos hablar debajo del agua, nada se entiende y sientes que no puedes respirar. Teníamos que hacer tantas cosas, cosas totalmente nuevas para nosotros, que no sabíamos por dónde empezar, lo único que teníamos claro era que teníamos que ayudarte.

Me tocó investigar, leer, aprender nuevos términos, siento que hice como 4 carreras universitarias al mismo tiempo, todo para poder entender lo que me decían y para que “no nos metieran gato por liebre”. Nuestra misión era clara y simple: Ayudarte a avanzar y protegerte. Y así fue como nos embarcamos en este camino llamado Trastorno de Espectro Autista, desorientados, desinformados, desarmados y asustados, pero eso sí, VALIENTES, porque si algo tenemos tu papi y yo es que somos valientes y por ti mi vida lo damos todo.

 Nos tocó llevarte a terapias que no te gustaban, donde llorabas un montón, lo que no sabes y hoy quiero contarte es que cuando tu llorabas adentro, yo estaba llorando contigo del lado de afuera. Me tocó llevarte a una guardería muy hermosa que no te gustaba y después de un mes darme cuenta el porqué no te gustaba, me sentí tan mal porque no supe diferenciar entre “adaptación” y “maltrato” ¿Cómo saberlo? Si para ambos todo era primera vez y tu ya no hablabas, ya no me mirabas, me sentí tan molesta y triste de no haberte sacado antes de ahí, me sentí una mala madre por no haberte entendido, pero me tocó aceptar que debía aprender nuevas formas de entenderte. Me tocó aprender a cocinar de nuevo para que volvieras a comer, me tocó pasar muchas noches sin dormir tratando de que lo hicieras tu, me tocó pasar muchos sustos cuando te caías y no sabía dónde te habías golpeado, o cuando llegabas con un golpe o herida nueva y no sabía qué te había pasado, porque aunque el golpe fuese duro a ti no te dolía nada, me tocó aprender que irónicamente los abrazos sí te dolían y que ya no podía acariciarte la cabecita cuando te cantaba para dormir, me tocó poner en pausa mi trabajo para dedicarme a ti, y quiero que sepas que no me arrepiento ni un poquito, porque mi prioridad siempre has sido tú.

Quiero que sepas que nada de esto es un reproche, todo lo contrario, quiero que sepas lo mucho que me cambiaste para bien, lo mucho que me hiciste crecer como ser humano, quiero que sepas que todas las pruebas que me pusiste y que aún me pones han sido para fortalecerme y ser mejor cada día. Quiero que sepas que sigo teniendo miedo y dudas, que no soy perfecta y que me equivoco mucho, pero todos los días lucho por ser la mejor mamá del mundo para ti, que sufro cuando seme acaba la paciencia y que soy muy feliz cuando te saco una sonrisa, una mirada, un beso, un abrazo, un “Te amo mamá”, esas recompensas no tienen precio para mi, su valor es demasiado alto como para medirlo.

Hace 8 años llegaste para cambiarnos la vida, pero hace 5 años nos enseñaste la magnitud de nuestra misión de vida, cuando el Autismo llegó a nuestras vidas sin previo aviso, cuando nos dijeron que eras diferente y nos hicieron una lista de un montón de cosas que “probablemente” no podrías hacer en la vida el miedo fue muy grande, la incertidumbre de no saber si podrías tener una vida feliz nos preocupaba mucho, pero gracias a dios y a nuestra perseverancia, ya hay algunas cosas que podemos tachar de esa lista.

¡Mira hasta donde hemos llegado y todo lo que hemos logrado! Todavía nos falta mucho camino por recorrer mi amor, todavía nos faltan muchos obstáculos por vencer, pero me siento orgullosa de todo lo que hemos logrado juntos, estoy orgullosa de ti y de todos los retos que has tenido que vencer. Sé que ha sido duro para ti, pero no estás solo mi vida, papi y yo estamos contigo, y no vamos a rendirnos nunca, porque te amamos hasta el infinito y más allá.

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